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¿Qué es la corporatización? La ‘nueva imagen’ de los servicios públicos de agua y electricidad

por David McDonald – 5 de febrero de 2015

Los Gobiernos están retomando el control de servicios que antes habían vendido o externalizado al sector privado, por lo que el número global de empresas públicas ha aumentado en todo el mundo desde la última década.

Dentro de este interés renovado por la titularidad gubernamental, la corporatización es uno de los modelos más populares como lo demuestra Servicios públicos en el Sur Global: Mirada crítica a nuevas formas de gestión. Las entidades corporatizadas pertenecen y son gestionadas plenamente por el Estado, pero cuentan con cierto grado de autonomía jurídica y financiera.

Las compañías de agua y electricidad son los ejemplos habituales (véa nuestro video), aunque la práctica se extiende a un abanico mucho más amplio de bienes y servicios, como aeropuertos, universidades, y hospitales.

El objetivo principal de la corporatización es crear compañías de plena competencia, con gerentes independientes que solo asumen responsabilidades por el funcionamiento de su propia organización, y donde todos los gastos e ingresos se contabilizan como si fuera una compañía autónoma. Con esta compartimentación de competencias se busca crear una mayor transparencia financiera, reducir las injerencias políticas y fortalecer la rendición de cuentas gerencial.

¿Es similar a la privatización?

Entrando en ámbitos más controvertidos, la corporatización se ha utilizado para crear culturas e ideologías del sector público favorables al mercado. Las empresas públicas de agua y electricidad, por ejemplo, se han gestionado de manera creciente como las privadas, a menudo con la intención explícita de la privatización total una vez se haya alcanzado el potencial de ganancias.

En otras palabras: puede que la corporatización sea ‛pública’ en teoría, pero no lo es necesariamente en la práctica. Más que ningún otro modelo de servicio público, la corporatización plantea cuestiones contradictorias y complejas sobre el significado de ‛lo público’ y el papel del Estado en el suministro de servicios esenciales.

Casos de corporatización progresista

Sin embargo, no todos los procesos de corporatización se han desplegado con este imperativo comercial en mente. Nuestra investigación ha identificado varios ejemplos de agencias corporatizadas, en todos los niveles de gobierno, que suministran servicios de agua y electricidad con una orientación hacia la equidad. Los estudios de caso analizan cómo y por qué esas agencias han resistido las presiones neoliberales y priorizado objetivos sociales.

Veamos el caso del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Durante décadas, el ICE ha sido una de las compañías más eficientemente gestionadas en toda América Latina, ya fueran públicas o privadas, la cual surgió del histórico ‛modelo solidario’ del país. Los ciudadanos y las ciudadanas de Costa Rica son conscientes de las contribuciones del Estado al desarrollo nacional y han resistido los intentos previos de privatizar empresas públicas, particularmente del ICE.

En Uruguay, Obras Sanitarias del Estado (OSE) lleva más de 60 años prestando servicios de agua de calidad, asequibles y casi universales a la población del país.

Los estudios de caso de Asia y África no son tan alentadores, pero no dejan de ir en contra de la corriente de las fuertes tendencias neoliberales. En Malasia, analizamos al proveedor de electricidad Tenaga Nasional Berhad (TNB), de propiedad y gestión estatal, que ha conseguido resistir buena parte de la presión neoliberal para desagregar y comercializar el servicio que ha afectado a las empresas eléctricas en otros lugares del continente. Para la TNB, los objetivos sociales han seguido siendo prioritarios en la toma de decisiones, y se han realizado importantes inversiones en la expansión y la equidad del servicio a largo plazo.

En Filipinas, examinamos al Distrito de Agua de Leyte Metro (LMWD), que se ha tomado en serio la sostenibilidad ambiental y la gestión de las cuencas, y en cierta medida también las cuestiones de equidad, entendiendo que el agua es un servicio esencial para reducir la pobreza en la región.

Estudiamos al proveedor estatal de electricidad de Túnez (STEG), el cual se benefició de grandes inversiones durante el régimen autocrático de Zayn Al Abidin Ben Ali, pero que ahora busca democratizar sus estructuras de gobernanza.

Finalmente, incluso en uno de los países más pobres y áridos del mundo, Burkina Faso, encontramos un proveedor de servicios de agua corporatizado (ONEA) que ha luchado contra la privatización y ha logrado mantener una fuerte vocación pública en la prestación del servicio.

Estas no son las únicas entidades corporatizadas propúblicas en el Sur Global hoy día –ni necesariamente las mejores–, pero demuestran el potencial de la corporatización no neoliberal. Aprender de sus puntos fuertes (y flojos) nos ayudará a entender mejor las posibilidades de desarrollar procesos de corporatización progresistas en el futuro, y los errores del pasado.

David McDonald es codirector del Proyecto Servicios Municipales (MSP) y profesor de Estudios de Desarrollo Global en la Queen’s University, en Kingston. Ha publicado Servicios públicos en el Sur Global: Mirada crítica a nuevas formas de gestión con Clave Intelectual (2015).